Un amor bueno. Un amor bello.

•enero 29, 2011 • Dejar un comentario

No quise enamorarme más. Sentí incluso, que me había vuelto cínico para el amor.

Y sin querer y sin saber, me enarmoré. Siento que me enamoré bien. Me namoré sano. Me enamoré bonit.

Ella vive lejos. Muy lejos. Pero la siento cerca cada día. A cada hora. Se preocupa por mi genuinamente. No tiene pretensiones y no vive ilusiones. Su amor por mi esta vivo y latente.

El amor que siento por ella me ha hecho arrpentirme de mi pasado. De haber dicho te amo cuando tenía miedo. De haber entregado mi amor con toda intención que perdurara cuando nunca me regalaron motivos para hacerlo, como me los regala ahora ella.

Me dice “Te iré a buscar” y no sabe que ya yo estoy con ella.

Es un ángel. Buena. Cariñosa. Traviesa y Pícara. Es mi ángel.

Andreita, por favor perdóname. Por haber tenido miedo de estar solo. Por no haberte esperado intacto. Pero creeme que me he purificado para ti desde antes de conocerte. Soy tuyo. Tómame.

Sé que no te gusta hablar del futuro. Sé por qué. Pero no puedes evitar que sueñe en uno contigo. Completo, si así me lo permites. Si así me ló permites.

Te amo Andreita. Gracias por estar en mi vida.

Bruce Lee, el agua, la medicina y el vino

•noviembre 28, 2009 • Dejar un comentario

Bruce Lee enseñó que para triunfar en la vida debemos ser como el agua: Adoptar la forma del recipiente que nos contiene. No resistirse, pero transformarse, pero continuar, al mismo tiempo, siendo agua. Dijo él:  “Be water my friend”.

Muchas veces me siento como la medicina:  Muy buena para los malestares de los otros, quienes una vez sienten los primeros síntomas de mejoría, dejan de tomarla (como hacen con los antibióticos), para luego dejar la medicina de lado, esperando su vencimiento y posterior disposición.

Lo anterior me lleva a pensar… la referencia de Lee hacia el agua, puede entonces aplicar a cualquier líquido, siempre y cuando no sea muy viscoso. Entonces podría transportarse al vino, el cual, históricamente se le han atribuido dones casi místicos. Serán mitos. Serán realidad.

Quienes quieran ahondar en este misterio, sírvanse llamarme. Único requisito traer su propia botella de vino, porque las mías no las comparto.

Mis primeras dos hijas… Mis tesoros… Sus nuevos caminos

•noviembre 28, 2009 • Dejar un comentario

Las amo con todo mi corazón. Sueño por tener más amores como ustedes… Sueño poder hacer este sueño realidad… Como dijo un amigo, que Dios y el Diablo me den vida, y el amor por el cual lucho cada día contra la vida y la propia muerte. regrese para salvarme y para hacer los sueños realidad. Los sueños a los que entregué mi alma y ahora no puedo recuperar.

 

Algunas veces el dolor es todo lo que te queda para sentirte vivo – You were right Johny Cash

•noviembre 27, 2009 • Dejar un comentario

Eres tú (Pasaba arrolladora en su hermosura… – Gustavo Adolfo Bécquer)

•noviembre 21, 2009 • Dejar un comentario

Pasaba arrolladora en su hermosura, y el paso le dejé;

Ni aun a mirarla me volví, y, no obstante, algo a mi oido murmuró: “Esa es”.

¿Quién reunió la tarde a la mañana? Lo ignoro: Sólo sé que en una breve noche de verano se unieron los crepúsculos y… fue.

¡Duerme! – Gustavo Adolfo Bécquer

•noviembre 21, 2009 • Dejar un comentario

Despierta, tiemblo al mirarte; dormida, me atrevo a verte; por eso, alma de mi alma, yo velo mientras tú duermes.
 
Despierta ries, y al reir, tus labios inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean sobre un cielo de nieve.
 
Dormida, los extremos de tu boca pliega sonrisa leve; suave como el rastro luminoso que deja un sol que muere… ¡Duerme!
 
Despierta miras, y al mirar, tus ojos húmedos resplandecen como la onda azul, en cuya cresta chispeando el sol hiere.
 
Al través de tus párpados, dormida, tranquilo fulgor viertes, cual derrama de luz templado rayo lámpara transparente… ¡Duerme!
 
Despierta hablas, y al hablar, vibrantes tus palabras parecen lluvia de perlas que en dorada copa se derrama a torrentes.
 
Dormida, en el murmullo de tu aliento acompasado y tenue escucho yo un poema que mi alma enamorada entiende… ¡Duerme!
 
Sobre el corazón la mano he puesto porque no suene su latido, y de la noche turbe la calma solemne.
 
De tu balcón las persianas cerré ya, porque no entre el resplandor enojoso de la aurora, y te despierte… ¡Duerme!”

Pataleo de ahogado

•noviembre 21, 2009 • Dejar un comentario

Este tesoro nu existiría si de alguna forma no hubiese salvado mi vida.Pataleo de ahogado. Una popular frase que se utiliza cuando, por mucho que insistamos y nos esforcemos, no lograremos bajo ninguna circunstancia lo que deseamos. Pero les cuento una historia.

Lo primero que tienen que saber es que aprendí a nadar tarde. Tal vez a los 13 años de edad y que desde siempre le he tenido un exagerado respeto al mar y a los ríos. Sobre todo a los ríos, por silenciosos y traicioneros. A los 11 años el esposo de mi tia abuela Eva, quien también fue mi padrino de confirmación, nos llevó a mi mamá y a mi al río Pacora para que conociéramos una pequeña casita que estaba construyendo cerca y a bañarnos en el río. Los muchachos se bañaban y se tiraban desde un punto muy alto. A los 11 años usaba anteojos y sin ellos, la verdad, no podía funcionar nada bien. Con mucha aprhensión decidí darle una oportunidad a lanzarme desde tan alto punto. Seguí el camino que todos subían, pero al hacerlo lo hice solo.. Ya todos los demás muchachos y muchachas se habían lanzado y tal vez venían a cierta distancia detrás de mi para volver a intentarlo. Antes de llegar al punto desde el cual los pies de los clavadistas se apoyaban para tomar impulso y zambullirse, el terreno cedió y una buena porción de esa alta cara de los laterales del rió se derrumbó arrastrándome con ella. Fue muy rápido y ni siquiera pude gritar. No olviden que no sabía nadar. Y al abrir los ojos, poco podía ver. No por la oscuridad caracterrística de los ríos panameños, pero porque había perdido mis anteojos. Recuerdo que mis piernas y brazos se agitaban tratando de moverme hacia el lado contrario hacia el cual caía. Parecía que una eternidad y media hubiese transcurrido desde que caí y aún luchaba, pero curiosamente lo que me preocupaba era que mi mamá me iba a regañar por perder los anteojos. Como pueden ver, ejercí el pataleo de ahogado como nunca en mi vida. Como pueden ver, de alguna forma el pataleo de ahogado, salvó mi vida.

Por esto es que no me rindo. Por eso es que lucho cada día aunque sea en silencio por no incomodar. Lucho porque sé que la vida puede agotar a algunas almas nobles, pero también sé que esas almas nobles realmente nunca desisten ante el amor tampoco. Lucho porque sé lo valioso que es este amor que le da latidos a mi corazón, cual sapo atrapado en una pequeña caja de cartón. Lucho porque algo que disfrutó de un caracter cósmico, místico y universal no puede volverse mundano sin una oportunidad de luchar libremente.

No les conté, pero mi vida no fue lo único que salvé ese día. Mientras pataleaba y braceaba como ahogado, mi mano derecha tocó mis anteojos que por alguna razón no se hundieron sino que parecían flotar. No solamente mi mamá no me regaño por perder los anteojos. Cuando puede salir del río, parecía que nadie se había dado cuenta que el niño de 11 años que no sabía nadar, que utilizaba anteojos con vidrios parecidos al fondo de dos botellas, flaco y con una manzana de Adán muy pronunciada estuvo a punto de desaparecer. Me pregunto si esto es algo que me sucede a menudo. Ser olvidado tan fácilmente.

Como aquella ocasión en el río, no sé lo que haré. Solamente sé que te amo y que sanaré tus heridas una vez más. Te amo.

 
Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.